Ciclo biogeoquímico – Qué es, importancia, definición y concepto


Un ciclo biogeoquímico es un conjunto de procesos llevados a cabo con la intervención de seres vivos y factores abióticos que hace posible la circulación de la energía por la biósfera. Estos recorridos cíclicos permiten la transformación y la transferencia de elementos que resultan esenciales para que exista la vida.

Es importante indicar que el término biogeoquímico no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE). Sí aparece la noción de geoquímica, vinculada a los compuestos químicos que se encuentran en la corteza del planeta Tierra.

La idea de biogeoquímica, por lo tanto, alude a las interacciones que los organismos vivientes establecen con los compuestos geoquímicos. En cuanto a ciclo, el concepto hace mención a los sucesos que se repiten de manera ordenada; a las etapas de un fenómeno periódico; o a las transformaciones que atraviesa algo hasta regresar al primer estado.

El cambio climático incide en los ciclos biogeoquímicos.

Importancia de los ciclos biogeoquímicos

La importancia de los ciclos biogeoquímicos es enorme: de hecho, con la falta de estos ciclos no existiría la vida en nuestro planeta. Lo que hacen estos procedimientos cíclicos es viabilizar el aprovechamiento y el reciclaje de recursos que, por su disponibilidad, resultan limitados.

Cada ciclo biogeoquímico hace que la materia orgánica pueda reciclarse. Sin esta recuperación y reutilización de la misma, los nutrientes terminarían agotándose, con lo cual la vida llegaría su fin.

Los ciclos biogeoquímicos pueden llevarse a cabo gracias a la energía del sol, que fluye por los ecosistemas. Más allá de este desarrollo natural, no se puede dejar de indicar que el ser humano interfiere en los ciclos biogeoquímicos con actividades que provocan deforestación, emisión de gases de efecto invernadero y contaminación en general.

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Los nutrientes

Los nutrientes son las moléculas o los elementos químicos que un organismo necesita para vivir. Estos nutrientes incrementan la sustancia corporal y reparan aquello que se pierde por el catabolismo.

Cada especie puede requerir hasta cuarenta elementos químicos para subsistir. Pueden tratarse de macronutrientes (que aportan la mayoría de la energía metabólica) o micronutrientes (se necesitan en cantidades pequeñas).

El oxígeno, el nitrógeno, el carbono, el hidrógeno, el calcio, el potasio, el magnesio, el azufre y el fósforo son macronutrientes; el cobre, el hierro, el yodo, el cloro y el zinc, en tanto, están entre los micronutrientes.

Por lo general, estos elementos no se encuentran en formas que los organismos puedan lograr su absorción. Esto hace que los ciclos biogeoquímicos que propician su reciclaje y su transformación sean indispensables. Cuando se combinan los distintos procesos biológicos, geológicos y químicos, los nutrientes pueden ser aprovechados por los seres vivos.

Es interesante mencionar que, con los ciclos biogeoquímicos, una sustancia química puede hallarse en el ambiente en una fase y luego pasar a formar parte de un organismo y viceversa. Lo que propician los ciclos biogeoquímicos, en definitiva, es que un compuesto químico pueda ser utilizado repetidamente y de manera sucesiva por los organismos.

Las bacterias y los hongos que se encargan de la descomposición de la materia orgánica intervienen en distintos ciclos biogeoquímicos.

Ver también: Potasio

La energía en los ciclos biogeoquímicos

La energía en los ciclos biogeoquímicos circula gracias a la cadena trófica. Según la posición que ocupa en la pirámide alimenticia, un ser vivo se alimenta de otro y, a su vez, es ingerido por otro, propiciando que la energía fluya.

En este marco, la energía solar es aprovechada por las plantas que llevan a cabo la fotosíntesis. Con dicho recurso proceden a la elaboración de los carbohidratos que necesitan, mientras que el resto de la energía es convertida en biomasa. La energía almacenada por los vegetales pasa a otro nivel trófico cuando los herbívoros se alimentan. Luego, con la intervención de los carnívoros, continúa la circulación, así como cuando actúan los descomponedores una vez que los animales mueren.

Sigue en: Cadena alimenticia

El caso del agua

El ciclo del agua es un ciclo biogeoquímico, aunque en su desarrollo hay pocas reacciones químicas. En él se dan procesos como la evaporación, la sublimación, la condensación, la precipitación, la infiltración, la escorrentía, la circulación subterránea, la solidificación y la fusión.

Hay que considerar que el agua puede aparecer en estado gaseoso, como líquido o como sólido. El agua líquida de los océanos y los ríos se evapora por los rayos solares, formando las nubes, desde donde se concreta la precipitación del agua que después se infiltra en la tierra.

Este ciclo hidrológico consta de un desarrollo interno y otro externo. Si bien hay cambios de estado, la cantidad de agua es siempre la misma a lo largo del ciclo.

El desarrollo de los ciclos biogeoquímicos está asociado a la conservación del medio ambiente.

Ver además: Estados del agua

Otros ciclos biogeoquímicos

Existen otros ciclos biogeoquímicos, como el ciclo del oxígeno, el ciclo del nitrógeno, el ciclo del carbono, el ciclo del calcio, el ciclo del fósforo, el ciclo del azufre, el ciclo del potasio, el ciclo del magnesio y el ciclo del silicio.

Si nos centramos en el ciclo del oxígeno, los seres humanos y los animales toman oxígeno (O2) del aire al inhalar y expulsan dióxido de carbono (CO2) al exhalar. Las plantas, en tanto, absorben ese dióxido de carbono y lo transforman en oxígeno.

En el ciclo del nitrógeno, por otro lado, se ejecutan procesos como la nitrificación, la amonificación, la fijación y la desnitrificación, mientras que el ciclo del carbono implica la circulación de este elemento por la biósfera, la atmósfera, los océanos y el manto y la corteza terrestre.

Más en: Manto

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