Edad del Hierro – Qué es, definición y concepto


Edad del Hierro es la denominación que recibe la fase final de la llamada Edad de los Metales, una etapa que marca la última instancia de la prehistoria. El periodo que iremos describiendo a lo largo de este artículo debe su nombre al material que cobró protagonismo a nivel cotidiano, ya que en varias comunidades de la antigüedad se inició por ese entonces la fabricación de herramientas y armas de hierro.

Al recopilar datos vinculados a las actividades y los estilos de vida que primaban en esos momentos se advierte que no solamente se revolucionaron las técnicas y las tecnologías dentro del campo de la metalurgia cuando el hierro pasó a ser más demandado y utilizado que el bronce (elemento que brilló en el ciclo previo que sucedió a la Edad del Cobre y que fue bautizado, justamente, como Edad de Bronce). En ciertas sociedades de la antigüedad (aproximadamente del año 1200 a. C. en adelante) hubo, simultáneamente al aprovechamiento del hierro, cambios en la cultura, la artesanía, la religión y hasta en el desarrollo de la agricultura (ya que, por ejemplo, se mejoraron los instrumentos destinados al trabajo del suelo y esto derivó en más cosechas en un lapso temporal menor al requerido antes del hierro).

Antes de profundizar en los alcances y las características de la Edad del Hierro es oportuno dejar en claro que no es posible precisar, a escala universal, un punto exacto de inicio ni cuándo concluyó este periodo que se vivió de distintas maneras en función de las particularidades de cada pueblo. No se puede pasar por alto que no todas las comunidades tuvieron el mismo nivel de acceso a la materia prima ni contactos o rutas comerciales similares. Sí se ha podido determinar que, más allá de algunas diferencias, esta etapa se dio prácticamente de manera conjunta en India Antigua, Oriente Próximo y la zona del Mediterráneo. Los registros indican que en el siglo XI a. C, al descubrirse la forja, el hierro se impuso en África de la mano de tecnologías de esencia autóctona.

La Edad del Hierro, junto a la Edad de Bronce y a la Edad del Cobre, se engloba en la Edad de los Metales, una era que se desarrolló al término de la Edad de Piedra.

Transformaciones asociadas a la Edad del Hierro

Tal como indicamos al comienzo de esta publicación, hubo una amplia variedad de transformaciones asociadas a la Edad del Hierro.

Claro que cada territorio tuvo una evolución o realidad específica, marcando como primera cuestión no menor que haber implementado, o no, un sistema de escritura llevó a ciertas sociedades a enmarcar a este periodo dentro de su historia, es decir, no se lo vinculó con la prehistoria.

Las herramientas de hierro que empezaron a incorporar los pueblos eran más complejas y de una vida útil mayor en comparación a las armas y a los utensilios de bronce. Cuando los imperios se fueron reorganizando y las comunidades en algún momento sometidas se impusieron mediante fuertes armamentos, el panorama estuvo marcado por la violencia y los enfrentamientos. En ese contexto entraron en acción rebeliones o alzamientos, así como una considerable porción europea fue invadida por los celtas.

Asimismo, a medida que se fueron expandiendo los usos del hierro hubo más fortalezas y castillos (multiplicándose los poblados fortificados con sólidos sistemas defensivos) pero también se necesitó más conocimiento, investigación y trabajo para desarrollar y perfeccionar técnicas centradas en la fundición del mencionado metal.

Restos como los del Hombre de Tollund han permitido averiguar que en la Edad del Hierro se sacrificó gente en pantanos y esos cadáveres, a raíz de las condiciones del ambiente, experimentaron un proceso no intencional de momificación.

Costumbres, prácticas y creencias

Resulta muy atractivo posar la atención sobre las costumbres, prácticas y creencias que prevalecieron durante la Edad del Hierro. Por supuesto, para saber cómo eran los templos en esa era, apreciar su joyería típica y cuál era la base de la alimentación antigua, entre otras cuestiones, resultan clave las perforaciones de terrenos y las interpretaciones arqueológicas.

En territorio español se han llevado a cabo excavaciones en una necrópolis situada específicamente en el Monte Bernorio con el objetivo de recopilar evidencias y elementos de interés sobre ritos funerarios, tumbas y tradiciones de dicho periodo. En esa investigación se hallaron productos metálicos pero, al no encontrar demasiados restos, los expertos no lograron reconstruir qué clase de ceremonia funeraria se realizaba en ese cementerio.

En el cerro de San Vicente localizado en Salamanca, por otra parte, se conservan restos arqueológicos que datan de esa misma época. Los arqueólogos descubrieron allí viviendas de estructura tanto rectangular como circular. En una de esas propiedades divisaron, por ejemplo, molinos que permitían moler grandes cantidades de cereales, objetos que aparentaban haber llegado de sitios muy lejanos y juegos finos de vajilla elaborada a mano. En el conjunto de piezas recuperadas sobresalen dos creaciones de fayenza (denominación que identifica a lozas finas cocidas que enriquecen al ámbito de la cerámica tradicional, vidriada y artesanal): cuentas de collar y un amuleto inspirado en una diosa egipcia.

El reconocido monumento tipo crómlech (con formato de círculos de piedra) que se conoce como Stonehenge no surgió, como en algún momento de la historia se supuso, en la Edad del Hierro sino que se gestó entre el periodo Neolítico y la segunda de las etapas que tuvo la Edad de los Metales.

Irlanda también atesora material impactante vinculado a la Edad del Hierro, como se comprobó al salir a la luz el hallazgo de ofrendas y una escultura que estaban en un pantano y, de acuerdo a especialistas que las analizaron, podrían dar cuenta del culto hacia uno de los dioses venerados por los celtas, sin descartarse la chance de estar relacionadas con marcadores territoriales, ancestros o tratarse de la figura de un ídolo.

Antes de dar por concluidas las referencias hacia la Edad del Hierro es constructivo recordar que, temporadas atrás, fue noticia de relevancia mundial la localización, en Reino Unido, de decenas de tumbas de ese período que quedaron expuestas una vez que se demolieron estructuras pertenecientes a uno de los edificios de la Universidad de Cambridge.

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