Enana marrón – Qué es, clasificación, definición y concepto


Una enana marrón es un objeto subestelar fascinante que, por las características que presenta, no llega a enmarcarse dentro del conjunto de los planetas gigantes gaseosos ni se ajusta al perfil de las estrellas. Se investiga constantemente a esta clase de astro incapaz de llegar a la fusión nuclear a fin de obtener mayores precisiones sobre su composición, estructura, comportamiento y otras curiosidades.

A través del telescopio espacial James Webb, por ejemplo, se ha podido detectar a una diminuta enana marrón que se mantiene flotando de manera libre sin orbitar cuerpos. Se considera que es, al menos por el momento, el más pequeño de los elementos celestiales que puede surgir con apariencia de estrella. La masa de ella es apenas tres veces más grande que la de Júpiter.

Otro estudio ha puesto especial atención en la inclinación orbital con el objetivo de establecer si la enana marrón nace como estrella (al fragmentarse una nube molecular y experimentar un colapso gravitacional) o puede gestarse como planeta. De acuerdo a los expertos en cuestiones astronómicas, al igual que ciertos exoplanetas, cada enana marrón puede llegar a poseer una órbita inclinada en distintos grados en función de la orientación de rotación de su estrella anfitriona. Astrónomos que trabajaron en el tema señalan que una enana marrón probablemente se inició como estrella si está a una distancia considerable respecto a su compañera y presenta una inclinación orbital elevada, mientras que una separación corta y una baja inclinación orbital se interpretan como indicios de un nacimiento como planeta dentro de un disco circunestelar.

Las enanas marrones son astros que están «a mitad de camino» entre aquello que se considera planeta y los objetos astronómicos comúnmente llamados estrellas.

Particularidades de una enana marrón

Al observar y examinar a las enanas marrones (también bautizadas como estrellas fallidas), los investigadores registran datos vinculados a su temperatura, luminosidad, composición y rotación para apreciar sus particularidades.

Se ha determinado que en su interior no se desarrollan reacciones nucleares, que su masa es baja y que su tamaño está en un punto intermedio entre las dimensiones de un planeta como Júpiter y las de una pequeña estrella.

Aunque emiten una energía escasa y, por lo tanto, es complicado divisarlas directamente a gran distancia, hasta el momento se consiguió identificar a numerosas enanas marrones cuyas temperaturas superficiales oscilan entre los 800 y los 2000 grados Celsius.

Carecen de recursos para completar la fusión de hidrógeno que a las estrellas las hace conservar brillantes y con una temperatura alta durante extensos periodos temporales, por eso las llamadas enanas marrones van, paulatinamente, enfriándose y contrayéndose.

Con el telescopio James Webb se han descubierto enanas marrones, discos, estrellas y otros objetos celestes en la Nebulosa de Orión.

Detección, observación y clasificación

Las tareas de detección, observación y clasificación de enanas marrones son útiles porque, por ejemplo, dan la posibilidad de saber qué y cómo son estos objetos, además de averiguar si se distribuyen, o no, de manera uniforme cerca de nuestro sistema solar.

Al emitir calor a modo de luz infrarroja, estos cuerpos estelares son detectados por telescopios.

Valiéndose del telescopio Keck, por citar un caso específico, un equipo de científicos halló, de forma casual, una enana marrón muy especial que terminó recibiendo, a nivel informal, la denominación de El Accidente. Sobresalen su antigüedad (podría ser un objeto de entre diez mil y trece mil millones de años), su nivel de frío y sus brillos inusuales (en ciertas longitudes de onda irradia una frágil luz y en otras áreas brilla más). También se apeló a un observatorio de la NASA, el Telescopio Espacial Spitzer, para combinar saberes, incorporar datos recientes y, con todo ese caudal informativo, confeccionar un mapa en tres dimensiones de más de quinientas enanas marrones y aprovechar todo lo que se va averiguando sobre ellas para, dadas las similitudes que tienen con los exoplanetas, obtener mayores precisiones sobre los planetas que orbitan estrellas por fuera de nuestro sistema solar.

Hasta la fecha se han descubierto varios tipos de enanas marrones. En base al parámetro espectral se diferencian las enanas marrones tipo Y, T, L y M. En el primer caso (las enanas marrones Y) las temperaturas son bajas, mientras que las variedades T y L exhiben una temperatura atmosférica que supera los 900 grados centígrados.

Un moderno radiotelescopio de origen australiano, conocido como SKA Pathfinder, en tanto, fue esencial para localizar a la más frías de las enanas marrones que se identificaron hasta el momento.

Astrónomos han podido observar una enana marrón separada por, aproximadamente, dos millones de kilómetros de una veloz estrella de neutrones bautizada como púlsar cuya radiación eleva significativamente la temperatura de uno de los lados de la citada enana marrón.

Enanas marrones y variedades de estrellas

Así como hay desafíos, proyectos de investigación y misterios centrados en las enanas marrones, también es fundamental la labor científica que hace hincapié en otros objetos y cuestiones que permiten descifrar más y mejor al universo.

En este contexto es enriquecedor aprender que una sub-enana marrón no alcanza a ser tan masiva como para afrontar el proceso de fusión del deuterio ni consigue el porcentaje mínimo de masa como para integrar el grupo de las enanas marrones.

Se ha determinado, por otra parte, que existe una enana marrón que, aparentemente, sobrevivió tras haber sido devorada por una estrella gigante, cuya masa es intermedia o baja, que entra en la categoría de gigante roja.

Asimismo, se ha hallado en temporadas recientes una enana blanca capaz de quemar helio y cobró fuerza una teoría que indica que, dentro de muchísimo tiempo, cuando todo haya muerto en el universo, podría haber enanas blancas capaces de, en un entorno de oscuridad absoluta, explotar en supernovas. Como resulta evidente, la astronomía ha avanzado y continúa evolucionando, aunque quedan y crecen las incógnitas, las especulaciones, las misiones y las exploraciones por el deseo y la necesidad de los seres humanos de instruirnos acerca de la Vía Láctea y el más allá.

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