Qué es, definición, tipos y ejemplos


Solecismo es un concepto propio del ámbito de la gramática que alude a la ausencia de sintaxis en la expresión de alguien, ya sea al hablar o al manifestarse por escrito. Se trata de un error, un vicio del lenguaje, que atenta contra las normas propias de cada idioma.

Este fenómeno sintáctico, también bautizado como anacoluto, lleva a que una oración o frase quede mal planteada por tener inconsistencias. El solecismo, término que deriva de un vocablo latino que a su vez tuvo una raíz griega focalizada en la idea de describir una falta de lenguaje basada en pronunciaciones incorrectas, se caracteriza por una alteración de la estructura típica, convencional o usual de un enunciado.

A veces hay una intención concreta de apelar al solecismo entendiéndolo como figura retórica, mientras que en otras circunstancias aparece en discursos coloquiales espontáneos, charlas cotidianas, o se detecta en textos. Cuando esto sucede, el contenido resulta desprolijo y hasta difícil de comprender porque se utilizan mal elementos como los conectores y las preposiciones, se modifica el sujeto de forma equivocada o no hay concordancia con verbos o el número gramatical.

Estructurar mal una oración, equivocarse con la concordancia, conjugar mal un verbo o cometer un error gramatical similar son acciones que se resumen en la idea de solecismo.

Tipos de solecismo

Como los fallos sintácticos al hablar o en la escritura son múltiples, es posible reconocer diferentes tipos de solecismo.

Tras evaluar cada caso (oyendo a alguien o leyendo un escrito), en función de las características del error, se determinará si se trata de un solecismo gramatical, un solecismo de construcción, un solecismo de régimen preposicional, un solecismo sintáctico o un solecismo de concordancia.

La sustitución y la supresión son algunas de las acciones que suelen generar el llamado solecismo sintáctico. Cuando se quita u omite una conjunción o un verbo, por ejemplo, el contenido pierde un elemento valioso, quitándole calidad a la estructura y hasta volviéndola difícil (o hasta imposible) de comprender.

De equivocarse en género y/o en número, en tanto, se produce un solecismo de concordancia. Este vicio puede afectar a sustantivos o a artículos y provocar que no se corresponda el verbo y el sujeto.

En una conversación cotidiana e informal puede llegar a producirse solecismo, pero este vicio del lenguaje no se admite en entornos formales porque se concibe como un defecto de alguien al momento de expresarse.

Puede servirte: Sustantivo

Ejemplos

Es inagotable la cantidad de ejemplos que pueden reconocerse en la práctica, tanto dentro del idioma español como al hacer foco en el desarrollo de otras lenguas.

La falta de concordancia, por detallar un caso concreto, da origen a oraciones como “Hubieron gentes de distintos países en el evento” (“Hubo gente…”) o “Sus ojo son marrón” (“Sus ojos son marrones”).

Especialmente en la infancia, aunque a lo largo de la vida también puede arrastrarse el error, el solecismo se traduce en confusiones de tiempo como las siguientes: “Mañana comí manzana” (“Hoy – o ayer – comí manzana” o “Mañana comeré manzana”), “El año pasado iré a estudiar” (“Este año iré a estudiar”, “El año próximo iré a estudiar”).

El uso de las preposiciones, asimismo, no siempre es acertado, tal como se advierte en expresiones como “Están aplicando vacunas para la neumonía” (“Están aplicando vacunas contra la neumonía”) y “Manifiesta desprecio sobre su yerno” (“Manifiesta desprecio por su yerno”).

Ver también: Ayer

Cómo evitar el solecismo

Hay que saber cómo evitar el solecismo a fin de lograr un uso apropiado del lenguaje y conseguir una comunicación fluida y fácil de comprender. El desafío de todo emisor tendría que ser siempre que el mensaje que se desea dar llegue al receptor de la manera más directa y clara posible.

Para minimizar errores o confusiones al hablar o escribir es fundamental instruirse sobre lingüística, aprender (o repasar) conjugaciones de verbos y profundizar los saberes acerca de los pronombres.

Para poder expresarnos correctamente es esencial instruirnos, conocer nuestro idioma y respetar la ortografía.

Sigue en: Pronombres

Otros vicios o errores que atentan contra normas lingüísticas

Además del solecismo existen otros vicios o errores que atentan contra normas lingüísticas propias de cada idioma.

Con gran frecuencia, por hacer hincapié en una realidad que le resta calidad a la lengua, se advierten escrituras o pronunciaciones equivocadas. Ese defecto, que lleva a más de un individuo a tener dentro de su vocabulario palabras como “tualla” (en vez de toalla), “dentrífico” (lo correcto es dentífrico) o “comisería” (comisaría) creyéndolas correctas, se conoce como barbarismo.

Otro de los vicios que opacan al discurso se llama cosismo. Quienes lo tienen se caracterizan por reiterar excesivamente el vocablo ‘cosa’ (o ‘coso’) sin recurrir a sinónimos ni a ser más concretos a través de sustantivos acordes al concepto que se explica o describe. Ejemplos: “Acá hay un coso que se salió del caño” o “¿Acá venden esa cosa que se conecta al coso de la tele y sirve para ver todos los canales?”.

Al centrar la atención en el enorme abanico de figuras retóricas existentes, en tanto, salen a la luz otra clase de alteraciones en la estructura de un enunciado. En este contexto consiguen notoriedad la silepsis (basada en no hacer concordar número y género: “La mayoría de los asistentes creyeron que se trató de una broma”, “Un gran porcentaje de animales resultaron víctimas del incendio”) y el polisíndeton (recurso caracterizado por el uso abundante de conjunciones: “Y ni los llama y ni se preocupa por sus hijos ni por mí”), por citar dos casos específicos que, en el habla cotidiana o fuera de las cuestiones artísticas, no enriquecen al lenguaje sino que lo tornan defectuoso.

Ver además: Barbarismo

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